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Crear una marca, introducir un producto en el mercado o mejorar una imagen corporativa parece ser una tarea ímproba en el siglo XXI si no contamos con la ayuda de la publicidad. Es más, todas las empresas consolidadas, líderes en su sector, necesitan invertir de manera permanente en publicidad para mantener su hegemonía. Saben que, si dejan de hacerlo, la competencia pronto les alcanzará. Sin embargo, el pequeño y mediano empresario tiende a pensar que el marketing y la publicidad son para esas grandes corporaciones. Imaginan que se trata de servicios muy caros que ellos no pueden afrontar o, lo que es peor, piensan que su producto se venderá solo, gracias al boca oreja y que con ponerle un nombre a su empresa ésta florecerá por generación espontánea.
Es obvio que el coste de la publicidad va en relación directa con los objetivos que se quieren alcanzar. También es evidente que solo las grandes empresas están en condiciones de desarrollar campañas millonarias, pero eso es solo la parte visible del iceberg. La publicidad va mucho más allá de las campañas publicitarias, de los avisos televisivos o de los grandes carteles en espacios públicos.
El ser humano tiene impreso en sus genes la sensación de qué es agradable y qué no lo es. Hay cosas que nos parecen bonitas sin haberlas visto antes y otras que se nos ocurren feas, desequilibradas o peligrosas sin conocer si lo son en realidad. En términos generales todo lo que contenga una proporción que se llama áurea, nos atrae. Y no es de ahora, ya lo habían descubierto los griegos y está presente en el logo de las grandes marcas, en su packaging y hasta en el encuadre de las fotografías de un buen catálogo de producto. Los escultores utilizaban esta proporción para sus obras y también forma parte de las piezas musicales de Beethoven y Mozart.
¿Lo sabía?
Hete aquí que un logo diseñado utilizando la proporción áurea generará más confianza en un posible cliente que uno sin esa proporción. Un producto envasado con unas determinadas medidas y una etiqueta «áurea» invitará a la compra por impulso mucho más que otro sin esas características. Aunque el producto sea el mismo.
Como puede comprender, la publicidad no es solo anunciar un producto o publicitar una marca. La publicidad y el marketing, junto con el diseño marcan la diferencia entre que las personas prefieran su producto y no el de otro, que prefieran entrar a su negocio y no a otro.
Por supuesto que la publicidad no hace milagros, el producto o el servicio que usted ofrece debe coincidir con la imagen que la publicidad genera de él. Si es así el boca oreja hará que todavía se venda mucho más.
Entonces… ¿Con publicidad o sin publicidad?
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