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La sombra que acecha en tu flash.
Decía un aficionado a la fotografía: «No sé que le pasa a mi flash que, en lugar de disparar luz, dispara sombras»
¡Y es real!
¿Cuántas veces creías tener la fotografía perfecta y al disparar el flash se produce una sombra horrible que te arruina la toma?
Y es que como dijimos en un artículo anterior «sin luz la fotografía no existiría».
Y… ¿con sombras?
La sombra es una consecuencia de la luz. Si conocemos cómo utilizar la luz, podemos manejar la ausencia de ella. Porque las sombras pueden proporcionar textura y profundidad a nuestras imágenes.
Cuando un rayo de luz incide sobre un objeto, este proyecta su forma en sentido opuesto a dónde está la fuente lumínica. Dentro del cono de sombra podemos encontrar tres zonas: umbra, penumbra y antumbra.
La primera corresponde a la zona más oscura, la penumbra es la zona entre la luz y la sombra y la antumbra el límite entre la luz y el comienzo de la sombra.
Los fotógrafos profesionales utilizan las sombras para agregar dramatismo a sus imágenes. Dependiendo del estilo hay quienes ponen más énfasis en las sombras que en la luz misma. En muchos casos se utilizan las sombras para que el observador centre su atención en una parte de la fotografía antes que en el total de la composición.
La ausencia total de sombras produce la sensación de que la imagen es plana, sin relieve ni profundidad. Esto no es deseable en la mayoría de tomas como tampoco es bueno la presencia de sombras incontroladas.
Hay un tipo de iluminación sin sombras que se suele llamar High Key o de «alta clave». Esta técnica comenzó a utilizarse por necesidad y ahora se ha convertido en un recurso estilístico. No tiene nada que ver con la imagen plana que origina la falta de sombras. La High Key es una iluminación sin sombras que se utiliza para darle un sentido optimista a una toma, o un toque femenino. Se suele emplear en la fotografía de producto porque psicológicamente, un producto claro y bien iluminado produce sensación de calidad y exclusividad.
Cuando la fuente de luz es muy grande las sombras tienden a ser suaves y cuando los rayos traspasan una superficie más densa que el aire puede producirse el efecto de que la sombra parte y se abre a partir del punto en que toca al objeto iluminado. La sensación que da la fotografía es la de luz crepuscular.
Un fotógrafo profesional conoce de antemano qué sombras quiere proyectar y cuáles no son deseables. Para ello preparará la iluminación con los puntos de luz que necesite. Un ejemplo claro de lo que hablábamos en un inicio respecto a los flashes es que, si no deseamos proyectar una sombra en la pared, la iluminaremos para contrarrestar el efecto del flash principal.
Cuando se hacen fotos en exterior también se pueden controlar las sombras utilizando elementos refractantes o eligiendo el momento del día para que las sombras jueguen a nuestro favor.
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El señor Foto Fija y una dama llamada making off
Estos dos señores son importantes que no imprescindibles en cualquier producción audiovisual.
El señor foto fija, sí en la realidad es un señor, señora o señorita que se dedica a sacar fotografías durante todo el proceso de grabación de una producción audiovisual.
¿Hacer fotografías mientras se está grabando una película o vídeo?
¿No es un tanto redundante?
Si lo ve un anunciante inexperto en estas lides puede que hasta piense que la agencia de publicidad no sabe qué hacer para cobrarle más…
Pues resulta que el señor foto fija es un profesional que debe conocer muy bien su oficio y tener una gran experiencia.
La figura de este experto está extraída de la industria cinematográfica y sus fotografías se utilizaban para promocionar la película. Sin embargo, hoy su trabajo es todavía más importante porque puede servir al script como guía de las tomas que se han de realizar después y las fotos utilizarse como fotogramas en la edición. Por eso debe estar en contacto permanente con los operadores de cámara a fin de saber en cada momento la obturación, diafragma y óptica que se está usando.
Además, debe tener un conocimiento exacto de los movimientos y los cambios de cámara porque nunca debe interponerse en la escena y tampoco molestar en la grabación. También tiene que ir en armonía con la señora making off para poder extraer a la grabación todo el provecho posible.
Y ¿quién es la señora making off?
Si usted es el anunciante inexperto del que hablábamos antes, cuando conozca a making off puede que le dé un ataque.
Porque making off es una grabación detrás de cámaras de todo el proceso de producción audiovisual.
¿Una grabación dentro de la grabación?
Eso mismo. Es lo que se conoce en español con el título ¿Cómo se hizo?
Se trata de un documental en el que se registra desde el proceso de armado de la escenografía, la preparación de los actores hasta las tomas que no saldrán en el original.
Una agencia de publicidad innovadora y eficiente puede crear verdaderas obras de arte a partir de ese material.
Es que además del spot publicitario o el vídeo corporativo que el anunciante ha solicitado, en la postproducción se visionan y editan las fotografías y la filmación del cómo se hizo. El resultado puede ser un vídeo intimista del equipo de trabajo de la empresa o el backstage ideal para otro spot o para promocionar otro producto de la misma empresa.
No hace falta recordar el sentimiento de simpatía que despierta en la gente el ver a los trabajadores de una empresa bromeando entre ellos o en posturas distendidas. La imagen que difunde es la de confiabilidad, cercanía y trabajo en equipo. De la misma manera un spot publicitario desde el backstage despierta siempre la curiosidad de la audiencia o sirve como vídeo de contenidos.

De artistas manuales a digitales
En la década de los setenta no existía la digitalización de imágenes. Retocar una fotografía era una labor artística que se hacía a mano a través de acuarelas, tinta china, pinceles, plumines y máscaras opacas. Cambiar la luminosidad o difuminar una escena requería el revelado de los negativos con distintas sustancias químicas para lograr el efecto deseado. Ante tamaña empresa las agencias de publicidad preferían repetir las fotos que salían sin la calidad deseada. El retoque se reservaba para campañas especiales o para lograr efectos que no eran posibles utilizando las cámaras.
Sin embargo, en aquella época como ahora, todo el engranaje publicitario se veía obligado a las prisas: la decisión a última hora de un empresario, los cambios en la dirección de la campaña, la producción de un nuevo packaging para exportación… Los imprevistos siempre han formado parte de la aventura del publicista.
El laboratorio de fotomecánica en el que yo trabajaba cuando comencé mi rodadura laboral, procesaba películas para distintas agencias. Una de ellas trajo un día los originales para imprimir cajas de una fábrica de copas de cristal. El trabajo debía hacerse muy rápido porque había plazo de entrega. Las cajas estaban destinadas a la exportación. Las fotos eran en blanco y negro y el proceso para poderlas imprimir se denominaba autotipía.
Una autotípía consiste en agregar una trama a la fotografía para que la impresora pueda plasmar los medios tonos. Ahora se hace por ordenador, en aquella época se utilizaban tramas de distinta densidad, una enorme cámara fotográfica que permitía ampliar los originales y máscaras opacas para separar las zonas de luz y sombra. Las distintas películas positivas que se obtenían eran grabadas en planchas para las máquinas de la imprenta.
El fotógrafo que había hecho las tomas de aquellas copas de cristal era excelente, los claroscuros del bodegón estaban muy marcados y la definición muy buena… Pero a la hora de confeccionar la autotípía, la trama se rompía y todos los brillos de las copas desaparecían. El buen trabajo del creativo y del fotógrafo se iban por el retrete. Y con seguridad el cliente no iba a estar conforme con sus cajas, menos aún si eran la imagen de su producto en otros países.
La opción era repetir las fotos cambiando la luz y la composición, pero hubiesen perdido el encanto y tampoco existía la seguridad de que las tramas no volviesen a romperse. No había tiempo para inventar algo distinto.
La solución llegó a través del retoucher. Era un hombre que se había criado en una imprenta, su padre había sido maquinista de impresora y él llevaba ya cuarenta años de experiencia en el gremio gráfico. Además, era meticuloso, detallista y poseía un pulso firme. En unas horas retocó los originales: quitó todos los brillos que rompían la trama. Se hicieron las autotipías, se grabaron las planchas y cuando ya estaban listas volvió a agregar los brillos manualmente emulando una trama muy fina. ¡Dibujó punto por punto!
El resultado final fue algo que sorprendió a todos. No solo las copas y su brillo se veían como si estuviesen en 3D sino que las cajas impresas tenían mejor calidad que la fotografía original.
Ahora, la tecnología ha facilitado el trabajo. Los programas de retoque fotográfico permiten lograr efectos increíbles… Pero, artistas siempre habrá. Antes eran manuales, ahora son digitales.

—Si no lo veo, no lo creo.
En términos generales las personas confían más en lo que ven que en lo que escuchan. Quizás uno de los mejores ejemplos lo dio Santo Tomás con la resurrección de Jesús cuando dijo:
—Si no lo veo, no lo creo.
A nivel publicitario los mercadillos que se montan cada semana en pueblos y ciudades de todo el mundo lo tienen claro, las grandes superficies hacen de la parte visual el objetivo de todo su esmero: combinación de colores, exposiciones atractivas, un producto impecable… La parte visual atrae al posible comprador como se fuese un imán. Incluso más que las ofertas… Es lo que se llama venta por impulso.
En muchos casos la imagen de una marca no se apoya visualmente solo en el producto sino en lo que este pueda significar para el consumidor:
- Un estilo de vida.
- Una forma de ser.
- El camino a la felicidad.
- Un signo de identidad.
- La comodidad.
- La ternura.
- La confianza.
Emociones y sentimientos positivos que se asocian a una marca y producto. Estos factores no han sido elegidos al azar sino estudiados en sus efectos psicológicos y sociales por los publicistas y sus equipos.
Si yo quiero tener un estilo de vida deportivo o salvaje, lujoso o cómodo, familiar o social… Hay productos o marcas que son el signo visible de que lo he conseguido o estoy en vías de hacerlo.
Si mi manera de ser es tranquila o alocada, reflexiva o impetuosa; también hay marcas que van en consonancia con esas formas de ver la vida.
Es decir que en cierta forma la publicidad condiciona nuestros gustos y consumo, pero también reafirma los que ya tenemos. Hay productos que acompañan nuestras emociones y nos ayudan a expresar lo que somos y sentimos.
Por ello es importante que lo que veamos a través de la publicidad sea algo que el producto o marca pueda darnos de manera efectiva o razonable. Es decir que la publicidad puede hacer visible un producto o marca, promocionarlo en un nicho de mercado, sublimar sus cualidades, pero no inventarlas. Es así que el empresario deberá tener muy en cuenta este hecho a la hora de elegir una agencia de publicidad. Basta sentarse delante del televisor unos minutos para darse cuenta y, no hace falta ser publicista, de la cantidad de anuncios que no resisten el menor análisis respecto a la veracidad de su mensaje.
Es verdad que la mayoría de personas confían más en lo que ven que en lo que escuchan y «lo que no se ve no se vende», pero la verificación de la imagen debe coincidir con el mensaje.

“Lo que no se ve no se vende”
Esta es una máxima inmutable del marketing de todos los tiempos. Es tan válida en un mercado persa como en Internet. La dificultad reside en que crear una marca, hacer visible a un autor o popularizar un producto no es fácil. Y todavía menos en el siglo de la comunicación. Se requiere audacia, creatividad y un buen dominio del mercado publicitario. Alguien decía con muy buen tino que la prosperidad continuada suele volver cómodas a las empresas, hasta que llega alguien y sacude la rama sobre la que han construido el nido.
Datos reales :
¿Cómo funciona el mercado editorial europeo?
Desde la crisis del 2008 no han dejado de encenderse luces rojas de alarma…Que si el 32,8% de españoles nunca leen…Que si el libro en papel está muriendo…Que si se cierran librerías todos los días…Que si el libro digital eclipsará al tradicional…Los agoreros siempre están dispuestos a crear una noticia negativa a partir de unos pocos datos, pero la realidad siempre pone a cada uno en su lugar.
Comencemos por colocar cifras sobre la mesa:
- A partir de 2016 las editoriales europeas superan los 23.000.000.000 de euros en facturación. Y en crecimiento.
- Los principales países que editan mayor número de novedades anuales son Gran Bretaña, Francia, España e Italia.
- España supera los 5.000.000.000 de euros en facturación, aunque solo exporta el 20% de los títulos.
- En España se ha superado la barrera del 61% de población que afirma leer en sus ratos de ocio.
- El español es el segundo idioma más hablado en el mundo después del chino mandarín. Tiene más de 570.000.000 de personas que lo hablan como lengua nativa.
- Si sumamos los tres idiomas europeos principales excluyendo el inglés, encontramos que, entre francés, español e italiano, somos más que los chinos. Por lo tanto, hay más posibles lectores en estos tres idiomas que los correspondientes al mercado anglosajón y chino.
Entonces…
¿Dónde está el problema?
A diferencia del mercado anglosajón en el que siempre se buscan nuevos talentos, el mercado europeo tiene poquísimos autores. De tanto en tanto aparece una estrella que ha triunfado por otros medios, como César Brandon en Got Talent, y pone de moda un libro de poemas. Este género casi despreciado por los editores se coloca en el primer puesto en ventas con más de un millón de ejemplares. Entonces salen los cazatalentos de las grandes editoriales para fichar al nuevo fenómeno mediático. Lo mismo ocurre con algunos autores autoeditados que por alguna razón se han transformado en populares.
¿Y el resto?
El resto pulula por callejones sin salida en la creencia de que ya nadie lee, que la literatura ha muerto o que lo que escriben no coincide con ninguna línea editorial.
Y en realidad, todo pasa por la visibilidad de autor y obra.
Cualquier mercado que parece estancado es una oportunidad para hacer cosas distintas.
